Desde hace doce años, Dolores comienza su jornada diariamente a las 6:00 a.m. Carga su diablito con periódicos Reforma y Metro. Al crucero de Municipio Libre y División del Norte, no va sola, lleva consigo un cuadro de diabetes, presión alta, glaucoma en el ojo izquierdo, catarata en el derecho y ciática en la pierna diestra. También la acompaña un juanete en el pie izquierdo. Del dolor de amígdalas sólo permanece la cavidad que dejó su extirpación y, por fortuna, hace años le quitaron las piedras de la vesícula.
Dolores Montiel se presenta con un diminutivo, “Lolita”. Tras el “Lolita”, parece ocultar una suerte de predestinación. “Es que mi madrina era devota de la virgen de los Dolores pero me pasó a cuchillo. Siempre tengo dolor aquí, dolor por allá. Mi madrina me amoló”.
La voceadora de ochenta y cuatro años, difícilmente hace gala de su oficio. Padece de la garganta por el humo de los automóviles. Estudió modas en la prevocacional de Pino Suárez, actividad que nunca ejerció, pues su padre, opinaba que era un trabajo lleno de riesgos para una mujer. “Uy, si mi padre me viera vendiendo periódico, lo que diría”. No oculta su origen de clase media. Su educación es su principal carta de presentación y su mejor, sino es que única herencia.
Dolores es virgen. Durante siete años amó a un hombre. Se dejaron, optó por seguir al lado de su padre y madre enfermos. “Fui la única mujer y vi por los dos. Los hermanos, no es que se olviden, pero tienen sus compromisos”. La vendedora del Reforma tiene dos hijos adoptivos: Tesis, un perro maltés de tres años de edad; y Chiquita, una canaria con un fuerte deseo de ser madre. Es probable que Dolores invierta dos días de ganancia para comprar un macho que satisfaga la necesidad reproductiva de Chiquita.
Sonríe con naturalidad, pero se queja del tratamiento de postodoncia. “Me dejó trompuda”, culpa a la dentista. El matiz aperlado de su dentadura postiza, le da un toque de distinción a su rostro. A cambio, la factura de la consulta privada. Esta mujer gasta cada mes alrededor de cuatrocientos pesos en su salud, que financia con “la tarjeta de Obrador”.
Lolita, la llaman con aprecio los médicos de la clínica del IMSS situada en el mismo crucero en que Dolores vende su periódico. De no ser porque carece de seguro social, la ubicación del hospital y el afecto del personal médico serían ideales.
Dolores tuvo seis hermanos varones, le sobrevive uno. Ella fue la menor y la única mujer. Su hermano mayor estudió ingeniería civil, carrera que ejerció por décadas. Tras la crisis de 1994 comenzaron juntos en el negocio de la vocería. Julio, su “manito”, fue la luz de sus ojos, que hoy, se extingue por el glaucoma y la catarata. Después de una vida bajo los cuidados de Dolores, Julio Montiel murió en el 2002.
Lolita recuerda con orgullo sus mejores años, “Fui una hembra de primera, fui talla cuarenta de pechos, la mas grande”. Su espalda encorvada da testimonio de la insuficiencia del sostén. Se mantiene en forma gracias a una alimentación balanceada, un vaso de leche en ayunas; y al ejercicio diario, corre entre los carros durante más de cinco horas. Entre los automóviles, conserva algo de la coquetería que algún día empezó a esconder bajo los libros de la prevocacional. “Una vez iba yo por Pino Suárez y pasaba por una cantina, sale un malvado y me agarra un seno. Desde entonces, ya me ponía mis libros en el pecho”.
Son las 11:20 a.m., Dolores vende el último Reforma. Muestra la emoción de haber recibido el anuncio de su jubilación. De pronto, cambia la expresión de su rostro, recuerda que aún le quedan seis Metros por vender. Se apresura a tomar los periódicos para ir a las salas de espera de la Clínica del IMSS, como suele hacer cuando no vende todos los Metros en el crucero. Después de todo, ha encontrado las ventajas de tener un hospital cerca de su centro de trabajo.
Lo que más angustia a Dolores, es que es domingo y debe estar al medio día en la iglesia de la Santa Cruz. “Yo recibo, hay que ir a dar gracias. Es uno católico”.
Leía la nota de la enfermedad de Castro que podría abrir la transición Cubana tras 46 años de régimen socialista. Absorta en este ejemplo de un pueblo dividido por el totalitarismo como remedio para el secuestro del estado por las oligarquías, fui privada de mi concentración: “Este país lo que necesita son líderes, no revolucionarios, ese López Obrador está loco y si alguien aquí piensa lo contrario pues ni modo”. Voltee la mirada para descubrir a un rubio de corte europeo que portaba una camisa perfectamente rota, que de no ser por la marca enorme en su espalda que delataba su precio, hubiera pasado por una prenda auténticamente desgarrada. Luego observé sus jeans que reforzaban su look rebelde pero antirrevolucionario, por su puesto.
Empecé a notar como mi vecino en la barra y otros aficionados a la lectura pública dejaban sus textos para centrar la atención en el joven predicador político y su acompañante, quien cada vez bajaba más la voz con vergüenza evidente. Ella provocó la ira de este Adonis nacido en el nuevo continente, en un país en que, por desgracia, tenía que convivir con demasiada gente de “clase baja”. Esta mujer había argumentado a favor del recuento de los votos de la elección presidencial del 2 de Julio en México. Ante la ira con la que Adonis predicaba en contra del “idiota ese” –Obrador- éste recibió una respuesta que lo perturbo aún más: “No conoces a los pobres”, comentó la escucha venida a menos en su diálogo. ¿Cómo?, Me desconcerté, esta joven mujer no tiene límites, si el purista político acaba de darle a una anciana 10 pesos y además se nota que es un hombre religioso, antes de que esta chica lo sacara de sus casillas lo oí más de una vez invocar a Dios: “Dios quiera que pueda comprar ese departamento en donde tengo mi oficina”. Su caridad no se podía cuestionar.
Últimamente hay tantas de esas personas en este país, gente que se atreve a salir a las calles a ejercitar sus derechos ciudadanos como la libre reunión y expresión. Se han atrevido a señalar las imprecisiones del sistema económico mexicano, que como pequeño saldo arroja más de cuarenta millones de pobres. Ponen el dedo en las insignificantes fallas del sistema electoral que dejó que el uso indiscriminado del dinero venciera en las urnas.
Adonis no tuvo la culpa de nacer en este México de “idiotas”. “Estos no necesitan mil pesos, eso no los va a sacar de jodidos, lo que necesitan es educación, saber que si ganan 1000 pues se compran algo de 450 y lo venden en 600”. Seguramente algunos de sus conocidos deben ser asesores del actual gobierno, que alivio. Lucido, este joven valor del "México triunfador" –término acuñado por Felipe Calderón- dio un ejemplo contundente: “Yo te puedo hablar de lo que conozco, un idiota que ganaba 2000 pesos a la quincena como ballet parking, se le dio la oportunidad de mejorar su ingreso. Pero el idiota no supo que hacer con el dinero y tronó, ahí esta. Dales a estos punketos de las esquina 40 pesos y luego me dices en que se lo gastan”.
La interlocutora, si a estas altura se le podía llamar así, tenía una mueca de desencanto, su mudez lo confirmaba. Adonis se percató de ello y, como todo un caballero, le dejó en claro que aunque esas eran sus “ideas políticas” ya no quería pelear, pues estaba de por medios su aprecio por la dama. Este México de caballeros siempre se reivindica, cede el paso a la civilidad; es firme en sus “ideas políticas” pero dentro de los cauces legales, conforme a las instituciones que ha dado la mano del hombre; está exento de actitudes plebeyas que orillen a una revolución como esa gestada –seguramente por un grupo de “idiotas”- en Cuba. En este país siempre hay válvulas de escape.
