EL ADONIS ATORMENTADO
Leía la nota de la enfermedad de Castro que podría abrir la transición Cubana tras 46 años de régimen socialista. Absorta en este ejemplo de un pueblo dividido por el totalitarismo como remedio para el secuestro del estado por las oligarquías, fui privada de mi concentración: “Este país lo que necesita son líderes, no revolucionarios, ese López Obrador está loco y si alguien aquí piensa lo contrario pues ni modo”. Voltee la mirada para descubrir a un rubio de corte europeo que portaba una camisa perfectamente rota, que de no ser por la marca enorme en su espalda que delataba su precio, hubiera pasado por una prenda auténticamente desgarrada. Luego observé sus jeans que reforzaban su look rebelde pero antirrevolucionario, por su puesto.
Empecé a notar como mi vecino en la barra y otros aficionados a la lectura pública dejaban sus textos para centrar la atención en el joven predicador político y su acompañante, quien cada vez bajaba más la voz con vergüenza evidente. Ella provocó la ira de este Adonis nacido en el nuevo continente, en un país en que, por desgracia, tenía que convivir con demasiada gente de “clase baja”. Esta mujer había argumentado a favor del recuento de los votos de la elección presidencial del 2 de Julio en México. Ante la ira con la que Adonis predicaba en contra del “idiota ese” –Obrador- éste recibió una respuesta que lo perturbo aún más: “No conoces a los pobres”, comentó la escucha venida a menos en su diálogo. ¿Cómo?, Me desconcerté, esta joven mujer no tiene límites, si el purista político acaba de darle a una anciana 10 pesos y además se nota que es un hombre religioso, antes de que esta chica lo sacara de sus casillas lo oí más de una vez invocar a Dios: “Dios quiera que pueda comprar ese departamento en donde tengo mi oficina”. Su caridad no se podía cuestionar.
Últimamente hay tantas de esas personas en este país, gente que se atreve a salir a las calles a ejercitar sus derechos ciudadanos como la libre reunión y expresión. Se han atrevido a señalar las imprecisiones del sistema económico mexicano, que como pequeño saldo arroja más de cuarenta millones de pobres. Ponen el dedo en las insignificantes fallas del sistema electoral que dejó que el uso indiscriminado del dinero venciera en las urnas.
Adonis no tuvo la culpa de nacer en este México de “idiotas”. “Estos no necesitan mil pesos, eso no los va a sacar de jodidos, lo que necesitan es educación, saber que si ganan 1000 pues se compran algo de 450 y lo venden en 600”. Seguramente algunos de sus conocidos deben ser asesores del actual gobierno, que alivio. Lucido, este joven valor del "México triunfador" –término acuñado por Felipe Calderón- dio un ejemplo contundente: “Yo te puedo hablar de lo que conozco, un idiota que ganaba 2000 pesos a la quincena como ballet parking, se le dio la oportunidad de mejorar su ingreso. Pero el idiota no supo que hacer con el dinero y tronó, ahí esta. Dales a estos punketos de las esquina 40 pesos y luego me dices en que se lo gastan”.
La interlocutora, si a estas altura se le podía llamar así, tenía una mueca de desencanto, su mudez lo confirmaba. Adonis se percató de ello y, como todo un caballero, le dejó en claro que aunque esas eran sus “ideas políticas” ya no quería pelear, pues estaba de por medios su aprecio por la dama. Este México de caballeros siempre se reivindica, cede el paso a la civilidad; es firme en sus “ideas políticas” pero dentro de los cauces legales, conforme a las instituciones que ha dado la mano del hombre; está exento de actitudes plebeyas que orillen a una revolución como esa gestada –seguramente por un grupo de “idiotas”- en Cuba. En este país siempre hay válvulas de escape.
